martes, 23 de septiembre de 2014

Red Hot Chili Peppers - Blood Sugar Sex Magik

Año 1991. Blood Sugar Sex Magik. Cuando estos payos sudaban frescor fresco en vez de sudor sudao (o pachulí, ahora), cuando con un calcetín en el bolangano apañaban el tema del vestuario, cuando podían hablar de tú a cualquiera de la escena, cuando aposentaron sus reales en esa misma escena a base de actitud, no de servilismo, cuando eran los reyes del ritmo, no del pan sin sal, cuando con sus canciones no se hacia el amor, se follaba, cuando Kiedis saltaba al escenario como un gladiador a la arena, no como George Cloney buscando espárragos, cuando Flea...
-Pues desde que hacen canciones bonitas se les puede escuchar, no como antes que...
-¡Vaya usté a tomar po'l culo, que no sé quién le ha preguntado!
-¡Tu no tienes ni puta idea de música!
-¡Que no marees, hostias!
Sigo. Cuando Flea galloleaba el mástil, no a los programadores de las putas radiofórmulas, cuando buscaban inspiración en Tracy Lords (esto es verídico), no en Giorgio Aresu (esto lo pienso yo), cuando usaban el Perrier para lavarse los furelos, no para bebérselo, cuando eran los Peppers, no los Poppers, cuando a Jorge Manrique le tarareo "Otherside" al oído el telépata Laureano o el pulpo Paul, y yo que sé, y escribió aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando tenían mas huevos que un burro mohíno; en definitiva, cuando Blood Sugar etcetera hacía arder los cristales de las gafas y las cuitas del panarras y reventaba todas las putas listas de los mas vendidos, no cuando I'm with you, que suena poco y mola menos, les mantiene en esa misma lista de los mas vendidos, pero no por vendedores...
Cuando daba gusto escucharlos, que coño.

Ramón Gómez de la Serna

Don Ramón Gómez de la Serna, Ramón, el escritor mas singular, extravagante, fecundo y juguetón que dio el siglo XX español, ademas de ser casi el único optimista en este país de vinagres y de no haber tocado nunca el palo de esa crónica de sucesos llamada realismo, y nuestra mas importante aportación a las vanguardias literarias europeas, hoy completamente olvidado mientras que esa que se casó con uno que toreaba alcanzó la séptima edición en dos meses de sus ambiciones y reflexiones y mis cojones... Que puta pena...

JORGE LUIS BORGES - Cuentos completos

He visto en internet este libro y se me han caído los cojones al suelo. Llevaba años y años soñando que recopilaran todos los cuentos de Borges en un único volumen y voy y me le encuentro y por solo catorce puñeteros euros (para lo que es, me parece regalado) Encuentro innecesaria una biblioteca de tres mil volúmenes al lado de esto; las obras completas de tantos otros quedan en meros experimentos de churrero comparadas con este artefacto concebido por obra y gracia de un gourmet de la palabra y el fabulador mas sorprendente e ilimitado que halla dado jamás la literatura universal (diría más, El Quijote -y mira que le adoro-, a su lado, me -recalco el "me"- parece un entremés). Todo esta aquí. El fondo mas deslumbrante y la forma mas exquisita. La ética y la estética, el asunto y el estilo, el qué y el cómo. Todo. LITERATURA, así, en mayúsculas. La calidad de pagina en su máxima expresión.
Cuentos como aquél sobre un hombre inexistente -Las ruinas circulares- que es soñado por otro hombre que a su vez es soñado por un tercero. Inolvidable. Esto es pura metafísica lírica, ladies and gentlemen. O aquél otro en que se plantea la posibilidad de que Dios no se encarnase en Cristo, sino en Judas -Tres versiones de Judas- para, eligiendo el destino mas infame y la condenación eterna, redimir definitivamente a la humanidad con el mayor de los sacrificios, al lado del cual una crucifixión queda en nada. Toma ya. Las mayores acrobacias imaginativas. Una sensibilidad única para una mente clínica (¿o al revés?), y todo ello con la palabra musical, precisa, la imagen fugaz, la figura impecable, el lenguaje que enamora. Poesía en prosa.
Si os apetece regalar/regalaros un libro estas navidades (mejor aún, mañana mismo) hacedme caso por una vez, coño, y aprovechad este chollazo y disfrutad como perros/as del libro total de este escritor total (asexuado, pero total) Borges es Dios y Umbral es su profeta (y Quevedo los dos juntos, que ningún dios hubo nunca mas profeta de sí mismo, pero eso son ya palabras aún más mayores)
Pd: Disculpad el entusiasmo y la tabarra, pero estoy que no me entra un piñón po'l culo. El día que la diñe quiero que me entierren con este libro y con mi camiseta de leopardo (y con un mp3 con el Zoso puesto en repeat)

lunes, 22 de septiembre de 2014

Homenaje a Umbral

Tiempo ha, cuando iba a comprar allí alguna fruslería, me gustaba demorarme hasta el ultimo tren para pasear por Valladolid, de noche ya, e imaginar que por algunas de esas mismas calles que yo transitaba había paseado a su vez muchos años atrás un joven Umbral plagadas sus meninges de literaturas, las suyas o las de otros, que viene a dar igual, pero solo en ese Umbral, el literario, el etéreo, el que vivía dentro de un libro ya escrito o aún no, no en ese otro Umbral que arreglaba un enchufe o elegía una salsa en un supermercado (él, que nunca arregló un enchufe ni eligió una salsa en un supermercado), ese otro era solo un hombre y no me interesaba; yo solo rendía pleitesía a aquel Umbral absorto que paseaba con sus guantes de piel de la mano sin ver a sus congéneres, sino que se cruzaba con Albertine en un Recoletos que le era ya una calle de París, saludaba a Bernarda Alba o inclinaba elegantemente la cabeza ante un verso de Neruda (sus verdaderos congéneres), aquel Umbral que mas tarde recalaba en un café o una churrería distinguida y demodé, frecuentados solo por noctámbulos y personal jodido de frío, y, al calor de un vaso de leche, tomaba notas en una servilleta con su escribir bonito para desbordarla con una luz que lo llenaba todo, o quizá lo vaciaba todo, lo vaciaba de oscuridad, y acababa transfigurando aquel papelajo inútil en un mar al que le sobraba una gota para ser mar, un mar de conceptos, de estéticas y de lirismos siempre modernistas con los que ir cogiendo oficio, andamiaje y biografía y que, posiblemente, dejase olvidado así, como a la remanguillé, bajo el vaso vacío para que un cliente posterior tuviese algo mejor y mas reconfortante que echarse al coleto que un café de aguachirle y un diario ya pasado. Con estas escenas regresaba yo a la estación, ajeno completamente a lo que fuera que hubiese comprado allí esa tarde y viendo ya solo la umbralidad de las cosas. Y maldiciendo por el no poder ya nunca conocer al Maestro.
Ese si era/es mi Umbral.